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domingo, 28 de marzo de 2010

CUANDO ERES EXTRAÑO



Los aficionados a The Doors estamos de enhorabuena. El 9 de abril se estrena en Estados Unidos el esperado documental sobre el grupo. "When you´re strange" dirigido por el director de culto Tom Dicillo, y narrado por Johnny Depp (el cual ha hablado maravillas del proyecto), está llamado a ser un punto de inflexión en la historia de la memoria colectiva de este grupo.
Una historia que ha estado marcada por la impronta que dejó la polémica película de Oliver Stone. Ésta, además de volver a situarlos en el panteón de los dioses del rock, alimentó una falsa imagen de Jim Morrison como un asno drogadicto, borracho y agresivo. La película no permitía intuir en ningún momento al genial poeta y músico que fue capaz de trascender su tiempo y dejar un puñado de piezas artísticas imperecederas con la ayuda de sus compañeros.
Tom Dicillo parece que ha querido poner las cosas en su lugar. El proyecto viene con la ambición de ser un reflejo fiel de la historia, para lo cual se ha contado al parecer con imágenes nunca vistas anteriormente. Veremos en qué queda la cosa.
Ha habido ensayos interesantes sobre el rock en forma de documental, como la impecable "La mugre y la furia", que captaba la historia de los Sex Pistols. Si sigue la estela de esta última, estaremos sin duda ante una buen obra.
No hay fecha prevista de estreno en España, o al menos yo lo desconozco, y me meto que tendremos que conformarnos con verla en DVD.
Desde luego, es una oportunidad para que las nuevas generaciones puedan conocer la increíble y trágica historia de un tipo que estuvo a punto de poner patas arriba a la sociedad norteamericana de su tiempo, con su mensaje de liberación mental.

La síntesis de su propuesta quedó sintetizada en la primera canción de su primer disco: "Break on through to the other side", "Ábrete paso hasta el otro lado", es decir, olvida todo el lavado de cerebro de la sociedad, la familia, etc, y recupera tu propia esencia.

UN ZOO EN INVIERNO. Gracias, Taniguchi.


Esto intenta ser más una nota de agradecimiento al autor que una crítica en sí misma. Y es que cuando terminé de leer la obra en cuestión, me apetecía más que hablar de ella, dar las gracias al autor por el inolvidable momento que me hizo pasar.

Gracias, Taniguchi.

Zoo de invierno nos cuenta la historia de los primeros pasos del propio autor como dibujante de comics. Enseguida nos vienen a la mente inevitables comparaciones: "Los profesionales" de Carlos Giménez y "El soñador" de Will Eisner, ambas también autobiográficas. Pero, aunque interesantes, estas dos obras no acababan de funcionar por diversos motivos, en ésta sí tenemos la sensación de que el autor "da en el clavo". Y es porque construye su propia historia sazonándola de todos los ingredientes que hacen funcionar una buena narración. Esto es, sin olvidar que, en el fondo, estamos ante una obra de ficción, con sus reglas y mecanismos.

A pesar, como decimos, de estar construído sobre un argumento aparentemente trivial, Taniguchi crea un entramado tal de personajes, situaciones y emociones que consigue, no sólo interesarnos, sino dejarnos con la boca abierta.
Creo que no he leído a ningún autor con tanta facilidad para hacernos "sentir" lo que les pasa a los personajes. Éstos resultan tan transparentes que acabamos conocéndoles como si fueran de nuestra propia familia. Este don, difícil de explicar, hace de Taniguchi el autor de manga con más talento natural del manga. Y no sólo del manga. Me atrevería a decir que ni siquiera reconocidos autores "humanistas" como Giménez, o Eisner, por seguir con la comparación, llegan a este nivel de soltura en el manejo de las emociones. Esto convierte a Taniguchi en uno de los grandes. De los más grandes. El autor consigue el milagro de que nos enamoremos completamente de los personajes.
El amor está presente en todas las páginas. Está presente en la historia de la hija del jefe del principio de la narración, que huye por amor y es la verdadera artífice de que el protagonista emprenda su verdadero camino un poco por obligación. Está presente en el hermano que vuelve a buscar a Taniguchi, pero acaban conociéndose y comprendiéndose mejor en el encuentro. Y está presente en la historia con la chica enferma, que es la que hace de punto de inflexión en la historia, dándole al personaje la fuerza para emprender lo que quiere llevar a cabo.

Y hay también amor, y del bueno, en el maravilloso final de la obra.
Creo que nunca antes me había emocionado tanto el final de un tebeo. Aficionado como soy a las obras con finales emotivos y optimistas, este recurso funciona bien en el cine, sobre todo por la conjunción de movimiento, música, etc,...pero es más complicado en el tebeo. Taniguchi consigue, pillándote completamente desprevenido, un final de los que hacen saltar las lágrimas. Creo que he visto pocas cosas tan conseguidas en la historieta. Increíble. Todo ello hecho con la ayuda de un lápiz y un papel....y talento infinito.
Es también una maravillosa oda a la persistencia, a luchar por lo que queremos por encima de las opiniones e influencias de los demás.

Estamos ante una de las grandes obras de la temporada. Gracias, Jiro Taniguchi.
No se la pierdan.

DREADSTAR. EL RETORNO DEL GENIO



Después de muchos años de espera, y de permanecer como una obra casi de culto entre los aficionados, que desde luego aquí no tuvo el éxito merecido, Planeta se lanza a recuperar uno de los clásicos de la ciencia ficción de los 80: DREADSTAR, de Jim Starlin.
En su momento, pocas obras salidas de la industria del comic-book fantástico, habían alcanzado tales cotas de madurez, complejidad narrativa y buen hacer; mezclando sabiamente temáticas filosóficas y sociales con un ritmo brutal y emoción y acción como en pocas historias habíamos disfrutado.
¿Qué queda de todo aquello después de la perspectiva que dan los años?
Su relectura no puede sino confirmarnos lo que ya sabíamos: que estamos ante una de las OBRAS MAESTRAS DEL MEDIO.
La historia en cuestión pretende ser una especie de space opera, enmarcada en una impresionante guerra galáctica, entre dos superpotencias. Un grupo de rebeldes superpoderosos intentará poner fin a la guerra como sea. Hasta aquí, nada del otro mundo, ni mucho menos original. Aunque las comparaciones con STAR WARS quizá para muchos resulten evidentes, ensguida se van desvaneciendo a causade la crudeza de la historia.
Creo que la genialidad de Starlin estriba sobre todo en el guión y en la magnífica puesta en escena. Lo que cuenta y cómo lo cuenta es la clave de porqué funciona tan bien este argumento a lo largo de una treintena de episodios, que constituyen un ciclo, y que esperemos que ahora con la edición Planeta podamos ver por fin completos.
El autor va construyendo la historia como un puzzle. A lo largo de los 30 números iremos descubriendo cómo todas las piezas encajan. Incluso sucesos que ya teníamos complemente olvidados de los primeros episodios, hacen su aparición en las partes finales como piezas de vital importancia. Todos los hechos, personajes y situaciones que se nos han venido relatando finalmente forman parte de un entramado común. Espor ello, una obra compacta y un guión magnífico.
Dentro de este entramado, además, Starlin es eficaz describiendo y dando forma poco a poco a los personajes y contándonos sus respectivas historias, haciendo un uso del lenguaje del comic como pocas veces se ha visto. Especialmente cruentas son las historia de Willow y la del propio Señor Papal, el malo de la historia.
La historia va recrudeciéndose a medida que avanza. Además, hay poco lugar para el maniqueismo. No hay excesivos blancos y negros. El que se supone el bueno de la historia, Dreadstar, a veces hace gala de una crueldad superior a la de sus enemigos, como en la brutal escena en la que mata con una cadena a Z.
La carga social y política también está presente. Hay un crítica brutal al poder, como en el durísimo episodio 3, en el que el Señor Papal se carga una ciudad entera para acabar con el protagonista y culparles a ellos del desastre.
El autor no olvida nunca, además, que estamos ante un comic-book, y mezcla todos estos elementos, con un ritmo salvaje, una planificación y montaje impecables y una puesta en escena intachable. En este terreno, fue y sigue siendo de los mejores, aunque su línea de dibujo no sea bonita.
En definitiva, un clásico que no se debería obviar y que hará las delicias tanto de los aficionados a la ciencia ficción como de los aficionados a los superhéroes y al comic en general.