
Después de muchos años de espera, y de permanecer como una obra casi de culto entre los aficionados, que desde luego aquí no tuvo el éxito merecido, Planeta se lanza a recuperar uno de los clásicos de la ciencia ficción de los 80: DREADSTAR, de Jim Starlin.
En su momento, pocas obras salidas de la industria del comic-book fantástico, habían alcanzado tales cotas de madurez, complejidad narrativa y buen hacer; mezclando sabiamente temáticas filosóficas y sociales con un ritmo brutal y emoción y acción como en pocas historias habíamos disfrutado.
¿Qué queda de todo aquello después de la perspectiva que dan los años?
Su relectura no puede sino confirmarnos lo que ya sabíamos: que estamos ante una de las OBRAS MAESTRAS DEL MEDIO.
La historia en cuestión pretende ser una especie de space opera, enmarcada en una impresionante guerra galáctica, entre dos superpotencias. Un grupo de rebeldes superpoderosos intentará poner fin a la guerra como sea. Hasta aquí, nada del otro mundo, ni mucho menos original. Aunque las comparaciones con STAR WARS quizá para muchos resulten evidentes, ensguida se van desvaneciendo a causade la crudeza de la historia.
Creo que la genialidad de Starlin estriba sobre todo en el guión y en la magnífica puesta en escena. Lo que cuenta y cómo lo cuenta es la clave de porqué funciona tan bien este argumento a lo largo de una treintena de episodios, que constituyen un ciclo, y que esperemos que ahora con la edición Planeta podamos ver por fin completos.
El autor va construyendo la historia como un puzzle. A lo largo de los 30 números iremos descubriendo cómo todas las piezas encajan. Incluso sucesos que ya teníamos complemente olvidados de los primeros episodios, hacen su aparición en las partes finales como piezas de vital importancia. Todos los hechos, personajes y situaciones que se nos han venido relatando finalmente forman parte de un entramado común. Espor ello, una obra compacta y un guión magnífico.
Dentro de este entramado, además, Starlin es eficaz describiendo y dando forma poco a poco a los personajes y contándonos sus respectivas historias, haciendo un uso del lenguaje del comic como pocas veces se ha visto. Especialmente cruentas son las historia de Willow y la del propio Señor Papal, el malo de la historia.
La historia va recrudeciéndose a medida que avanza. Además, hay poco lugar para el maniqueismo. No hay excesivos blancos y negros. El que se supone el bueno de la historia, Dreadstar, a veces hace gala de una crueldad superior a la de sus enemigos, como en la brutal escena en la que mata con una cadena a Z.
La carga social y política también está presente. Hay un crítica brutal al poder, como en el durísimo episodio 3, en el que el Señor Papal se carga una ciudad entera para acabar con el protagonista y culparles a ellos del desastre.
El autor no olvida nunca, además, que estamos ante un comic-book, y mezcla todos estos elementos, con un ritmo salvaje, una planificación y montaje impecables y una puesta en escena intachable. En este terreno, fue y sigue siendo de los mejores, aunque su línea de dibujo no sea bonita.
En definitiva, un clásico que no se debería obviar y que hará las delicias tanto de los aficionados a la ciencia ficción como de los aficionados a los superhéroes y al comic en general.
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