
Esto intenta ser más una nota de agradecimiento al autor que una crítica en sí misma. Y es que cuando terminé de leer la obra en cuestión, me apetecía más que hablar de ella, dar las gracias al autor por el inolvidable momento que me hizo pasar.
Gracias, Taniguchi.
Zoo de invierno nos cuenta la historia de los primeros pasos del propio autor como dibujante de comics. Enseguida nos vienen a la mente inevitables comparaciones: "Los profesionales" de Carlos Giménez y "El soñador" de Will Eisner, ambas también autobiográficas. Pero, aunque interesantes, estas dos obras no acababan de funcionar por diversos motivos, en ésta sí tenemos la sensación de que el autor "da en el clavo". Y es porque construye su propia historia sazonándola de todos los ingredientes que hacen funcionar una buena narración. Esto es, sin olvidar que, en el fondo, estamos ante una obra de ficción, con sus reglas y mecanismos.
A pesar, como decimos, de estar construído sobre un argumento aparentemente trivial, Taniguchi crea un entramado tal de personajes, situaciones y emociones que consigue, no sólo interesarnos, sino dejarnos con la boca abierta.
Creo que no he leído a ningún autor con tanta facilidad para hacernos "sentir" lo que les pasa a los personajes. Éstos resultan tan transparentes que acabamos conocéndoles como si fueran de nuestra propia familia. Este don, difícil de explicar, hace de Taniguchi el autor de manga con más talento natural del manga. Y no sólo del manga. Me atrevería a decir que ni siquiera reconocidos autores "humanistas" como Giménez, o Eisner, por seguir con la comparación, llegan a este nivel de soltura en el manejo de las emociones. Esto convierte a Taniguchi en uno de los grandes. De los más grandes. El autor consigue el milagro de que nos enamoremos completamente de los personajes.
El amor está presente en todas las páginas. Está presente en la historia de la hija del jefe del principio de la narración, que huye por amor y es la verdadera artífice de que el protagonista emprenda su verdadero camino un poco por obligación. Está presente en el hermano que vuelve a buscar a Taniguchi, pero acaban conociéndose y comprendiéndose mejor en el encuentro. Y está presente en la historia con la chica enferma, que es la que hace de punto de inflexión en la historia, dándole al personaje la fuerza para emprender lo que quiere llevar a cabo.
Y hay también amor, y del bueno, en el maravilloso final de la obra.
Creo que nunca antes me había emocionado tanto el final de un tebeo. Aficionado como soy a las obras con finales emotivos y optimistas, este recurso funciona bien en el cine, sobre todo por la conjunción de movimiento, música, etc,...pero es más complicado en el tebeo. Taniguchi consigue, pillándote completamente desprevenido, un final de los que hacen saltar las lágrimas. Creo que he visto pocas cosas tan conseguidas en la historieta. Increíble. Todo ello hecho con la ayuda de un lápiz y un papel....y talento infinito.
Es también una maravillosa oda a la persistencia, a luchar por lo que queremos por encima de las opiniones e influencias de los demás.
Estamos ante una de las grandes obras de la temporada. Gracias, Jiro Taniguchi.
No se la pierdan.
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